Yo sé que usted sabe igual que yo lo deprisa que pueden pasarle a uno volando por la cabeza los pensamientos y las asociaciones. Puedes estar en medio de una reunión creativa en el trabajo o algo así, y te puede pasar por la cabeza tanto material solo en los pequeños silencios en que la gente está mirando sus apuntes y esperando a la siguiente presentación que se necesitaría muchas veces más tiempo que el de toda la reunión únicamente para intentar convertir en palabras el flujo de ideas de esos pocos segundos de silencio. Esto es otra paradoja, el hecho de que muchas de las impresiones y pensamientos más importantes de la vida de una persona son las que te pasan por la cabeza tan deprisa que «deprisa» ni siquiera es la palabra adecuada, parecen completamente ajenas o fuera del tiempo secuencial normal del reloj por el que todos vivimos, y tienen tan poca relación con el tipo de idioma inglés lineal basado en «una palabra detrás de otra palabra» con que todos nos comunicamos entre nosotros que se tardaría fácilmente una vida entera solo en explicar con detalle el contenido del vislumbre de pensamientos y conexiones acaecido en un solo segundo, etcétera; y sin embargo todos parecemos ir por ahí intentando usar el inglés (o el idioma que sea que nuestro país natal use, no hace falta decirlo) para intentar transmitir a los demás lo que estamos pensando y averiguar lo que ellos están pensando, cuando de hecho en el fondo todo el mundo sabe que es una farsa y todos están actuando de forma puramente mecánica. Lo que pasa por dentro es simplemente demasiado rápido y enorme y completamente interconectado para que las palabras consigan algo más que apenas esbozar los contornos de como mucho una parte diminuta de ello en cualquier momento determinado.
David Foster Wallace.
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